miércoles, 24 de agosto de 2011

Eternamente anticuado

Movimiento social, desigualdad, mayor equidad, derechos ciudadanos, modelos económicos, paro, marchas, estado, gobierno, ingobernabilidad, oposición, movilizaciones, justicia, destrozos, políticos, más desprotegidos, encapuchados, demandas, vivir en paz, hoy por hoy, es un tema de cada día.

Frente a la incuestionable sensación de inestabilidad que atraviesa el país y a los reflectantes grises de constantes desacuerdos, recordé la premisa de Lewis “Todo aquello que no es eterno queda eternamente desplazado” (Los cuatro amores). No debería extrañarnos la añosa pugna de lo justo, pues supongo que la bola de nieve del movimiento estudiantil a ello se debe, todo esto es mera consecuencia de nuestro abuso y mal uso del libre albedrío. Por vasto que sea el tema, es necesario redefinir los blancos y los negros, lo que esperamos y ni siquiera lo sabemos; tanto gris, desconcierta a cualquiera.

Aquí video de interés para ejercitarse en el definir y redefinir: http://www.youtube.com/watch?v=ykfp1WvVqAY

lunes, 22 de agosto de 2011

Cierto

Preparaba acelga hace unos días. Mi madre me enseñó que se cocinaban al vapor. Mi hermana, que en ese momento conmigo estaba, le llamó la atención la forma en que las preparé. Mi asombro fue que ambas preparábamos las acelgas de manera distinta, siendo que veníamos de la misma “escuela”. “¿Acaso la mamá no te enseñó?” – le refuté, con la seguridad de que yo si sabía la forma correcta de preparar una acelga.

De cualquier manera, yo hice una suposición respecto a las formas, y según su diferencia, les di un valor, la mía es “la” verdadera. Al parecer, mi argumento solo se basó en la apreciación de una suposición, y esta suposición ¿es racional o emocional?, y si fuera la una o la otra, ¿cuál es la que vale?.

C. S. Lewis plantea que “una relación tiene validez universal cuando es percibida por la razón”. Como el mismo dijera, “somos seres difíciles de complacer”; cualquier hombre sensato sabe que vivimos en un universo lo suficientemente vasto como para entender que hay cosas que escapan de nuestro conocimiento, y que la razón, en este caso tampoco es suficiente para jugar el rol de “varita de la verdad”.

No pretendo determinar cuál es la forma universal de preparación de una acelga, sino más bien, tocar el espíritu indagador humano, no para despertar mera curiosidad, sino esa vital y sencilla duda de lo cierto, de ¿qué es lo verdadero?, ¿qué vale?; ¿qué es lo cierto?, aunque nos tome altos precios como la vida y nuestras propias verdades.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Líneas encapuchadas

A veces nos jactamos de nuestra capacidad de leer entrelíneas, en vez de cuestionarnos nuestra comprensión lectora, el “qué están diciendo” las líneas en sí. Cultivamos esta “presunta” habilidad porque somos prejuiciosos, y creemos ver un mensaje escondido, dobles intenciones, o estar en presencia de nuestro propio código Da Vinci. Y así se pasa la vida y las líneas siguen intactas. Cada vez que miramos con ansias entre “esas” líneas, creemos encontrar algo nuevo, y tal vez, sólo se trate de una nueva interpretación de ese lenguaje que creemos escondido en párrafos, frases o páginas enteras. Quizás dependerá de factores anímicos, ambientales, hasta del azúcar que circula en nuestra sangre, lo que descifremos. Pero las líneas, siguen allí. El mensaje, el objetivo, la idea de lo escrito. Todo el tiempo ha estado frente a nuestra indiferencia y desdén, alejándonos del real sentido de un texto dado, soslayando su verdadera intención.

Recientemente, TVN fue denunciado por usar en tres ocasiones la misma imagen de un joven encapuchado como fondo cuando se anunciaban las noticias sobre las movilizaciones estudiantiles, “el encapuchado de TVN” . Centrar la atención en una espora, frente a un elefante compuesto de 80.000 manifestantes ocupando la Alameda entre Plaza Italia y Plaza Los Héroes. C.S. Lewis escribió (frase que le da el nombre a este blog), sobre aquellos que eran incapaces de leer directamente el mensaje explicitado en la Santa Scriptura, y centran su atención en el interlineado, sin reparar en los mensajes encerrados en cada palabra que forman las líneas.

Es aquí, precisamente, donde tenemos nuestro propio código Da Vinci, nuestro Código Secreto de la Biblia, nuestros pictogramas, nuestro set de jeroglíficos, allí, enfrente todo el tiempo. Podemos divagar e inventar nuevos métodos, pero las cartas ya fueron echadas. Nosotros sólo somos espectadores, aunque todo el tiempo estemos pretendiendo el título de autores o co-autores de una obra que ya está en plena ejecución y ante la cual sólo tenemos la opción de repudiarla, o bien, de aplaudirla. Si escogemos la segunda opción, entonces le estamos reconociendo el carácter de Buena Nueva que la distingue y somos invitados a participar en ella.